QUE MAMBRÙ NO VUELVA A LA GUERRA, QUE LA GUITARRA DEL SOLDADO Y DEL GUERRILLERO SEA SU FUSIL Y QUE COLOMBIA SEA COMO EL MACONDO DE ANTES QUE LLEGARA LA GUERRA

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Desde hace meses vengo conversando con mis estudiantes sobre el proceso de paz que se viene realizando en nuestro país. En un comienzo, muchos estudiantes opinaban que lo mejor para Colombia era que se combatiera a la guerrilla, que se mataran a los guerrilleros, pues eran personas malas que le estaban haciendo mucho daño al pueblo colombiano.

Hijos de policías o familiares de soldados que están al servicio de la guerra, opinaban, y con razón, de que los malos eran los guerrilleros, pero al confrontársele sobre que opinarían si sus familiares no estuvieran en el bando del gobierno, sino en el bando de la guerrilla, decían que no opinarían lo mismo; cuando se les confrontaba que el problema de la paz y de la guerra no era entre el presidente Santos y el expresidente Uribe, sino que era una necesidad de las mayorías de colombianos, cambiaban de opinión; cuando les contaba los sufrimientos de mi madre, cuando mi padre era perseguido por los conservadores y cuando les hablaba que la violencia en Colombia fue iniciada por todos esos liberales y conservadores que solo buscaban sus beneficios personales, quedaban aterrados; cuando se les explicaba los orígenes de la guerra, desde el año 1948 y se les hablaba de la muerte de Gaitán, de la masacre de las bananeras, de las masacres de campesinos y de dirigentes políticos y sindicales, incluidos los maestros, entendían un poco más allá de lo que los medios de información les ofrecía; cuando se les explicaba el significado de la novela cien años de soledad,  de nuestro nobel García Márquez, y su relación con la violencia política, se interesaban por conocer dichos acontecimientos.   A partir de allí, comencé a utilizar mi cátedra para que se expresaran a través de mensajes y dibujos, con el temor que de pronto no llegara ese mensaje al procurador y me involucrara en un proceso disciplinario. De todas maneras, y venciendo los miedos, lo hice y entre otras opiniones escribieron lo siguiente:

La paz nos conmueve, nos da tranquilidad, eso es la paz; La paz empieza desde nuestras casas, con responsabilidad, la paz será una realidad; La paz es vida, amor y tranquilidad. Elige la paz y no la guerra o será el error más grande que hayas tenido.Desear un mundo sin armas es imposible, pero desear un mundo sin gente miserable es posible

Ser solitario no significa ser orgulloso o presumido solo es saber aprovechar la vida en silencio como símbolo de paz en solitario. No solo las personas mayores son sabias, no se necesita tener 50 años para saber que el mundo no es fácil pero que la paz es posible.  En la vida hay sueños, cada persona tiene uno, pero solo los de corazón noble y de mente sincera logran llegar a ellos. Sigamos soñando con Colombia y con un mundo en paz.

No a la guerra, no a la violencia, no al maltrato, no al maltrato a la mujer, no a la vida sin paz, vivamos la vida sin droga. No más personas muertas por la guerra, no más corrupción. Para conseguir la paz, debemos amarnos los unos a los otros, para obtener la paz, todos debemos luchar. Para conseguir la paz, debemos perdonar. La amistad, el respeto y la vivencia de los demás valores pueden crear e irradiar paz. Con justicia social habrá una paz duradera que permanecerá en los corazones de todos quienes la practiquemos. La paz no es una frase, se consigue con esfuerzo, tolerancia y honestidad. La paz se puede hacer realidad si trabajamos en equipo, si todos estamos unidos por ese sueño, estoy seguro que lo podemos hacer y lo podemos lograr.

Con las anteriores frases y muchas otras, me quedó claro que los niños si entienden para donde se va y hacia donde se puede llegar; me quedó claro, que ellos no repiten como loros, sino que piensan con criterio propio y pensamiento crítico; solo un estudiante se me acercó y me dijo que la paz era carreta “ muchos creen en la paz y otros pocos no, pero la paz para mí es solo una mentira, porque desde el pasado siempre ha habido guerras debido a la envidia y la ira del ser humano, por eso digo que siempre va a existir el mal y nunca la paz será verdad, pero siendo un poco positivista digo que la paz es como el fuego, si no se cuida se apaga”

Leyendo y oyendo a muchos estudiantes, me acordaba de mi época estudiantil, de esa época de violencia y de represión, que hasta para organizar un consejo estudiantil lo teníamos que hacer a escondidas; me acordaba de esas canciones de Silvio Rodríguez y de ese gran escritor Mario Benedetti; me acordaba de esa canción de por qué cantamos, cantamos porque los sobrevivientes y los muertos quieren que cantemos y hacía el paralelo de que nosotros queremos la paz, porque los sobrevivientes y hasta  los muertos  quieren la paz; me acordaba de ese poema y canción de la guitarra del joven soldado; me acordaba de esa otra canción y poema, el necio, en donde se narra que “ todas estas llagas, hinchazones y heridas que tus ojos miran hipnotizados son demasiado dolor para ocultártelo y demasiado suplicio para que se me borren…. Tu viejo olvidó todos los números y por eso no pudo ayudarte en las tablas” y ese poema canción me llevaba a pensar en cuantos padres y madres de familia de mi época y de ésta época, no solo no podían ayudar a sus hijos en las tablas, sino que sus hijos tenían que soportar el dolor de la muerte o la desaparición. Y de solo pensar en eso, y en los anhelos de mies estudiantes, me decía: ¡LA PAZ VALE LA PENA!

Pero al hablar con mis alumnos, también recordé  todos esos sucesos narrados por García Márquez en cien años de soledad y entonces también pude imaginarme como era ese paraíso denominado Macondo, antes de haber sido invadido, no solo por la ciencia y la tecnología, sino por esas rivalidades entre liberales y conservadores y la fuerza militar que llevaron el odio, el caos, la pobreza, la matanza y el asesinato de gentes humildes y alegres que hacían parte de ese paraíso imaginado por nuestro nobel. Recordarles a los muchachos que el coronel Aureliano Buendía era un liberal aguerrido, el general Uribe Uribe, y que muchos episodios tienen que ver con la guerra de los mil días y con la guerra civil de 1895 y que las masacres de las bananeras tienen que ver con la compañía UnitedFruit Company, lleva a entender mucho más fácil este proceso que estamos viviendo.

Cuando a los alumnos se les dice que en cien años de soledad se narra episodios como aquel, en que Aureliano Buendía devuelve las mejores tierras arrebatadas a sus vecinos en Macondo, entienden mejor el problema de la tierra que ha sido arrebatada durante siglos, a muchos campesinos y trabajadores y que ello es uno de los temas más candentes en este proceso de paz y por el cual muchos terratenientes y politiqueros le temen a ello, pues saben muy bien, que el problema de la tierra en Colombia es algo bastante complicado, máxime, si de pronto les toca hacer el mismo ejercicio de Aureliano Buendía y poder así llevarle la alegría a todos aquellos campesinos y desplazados que andan deambulando por calles y ciudades con sus hijos en brazos a la espera de las limosnas oficiales o de las limosnas que les podamos dar en cada esquina y semáforo en que nos los encontramos.

Por todo lo anterior, es que llamo a todos los maestros para que nos convirtamos en Arcadios, aquel profesor y personaje inventado por el nobel, en su realismo mágico, quien asume el liderazgo cuando el coronel Aureliano le deja dicha misión y utiliza a sus alumnos como ejército, obvio,  que no es para el ejército de la guerra,  sino para el ejército de la paz que necesita Colombia en este momento coyuntural y no como aquel maestro autoritario que era Arcadio, sino como ese maestro que guía a sus alumnos hacia el pensamiento crítico e inferencial para que no siga siendo manipulado por personajes que nunca, a sus hijos  han enviado a la guerra, pero que si quieren que continúe, porque su interés es que los colombianos humildes nos sigamos matando, bien sea en el bando del ejército o bien sea en el bando de la guerrilla.

Que mambrú no vuelva a la guerra, que los fusiles de soldados y guerrilleros se conviertan en guitarras y que los soldados, coroneles, militares y guerrilleros no sigan muriendo en los campos de batalla, sino que mueran de viejos, así como murió el coronel Aureliano Buendía en Macondo, para que nuestros hijos, nuestros nietos y nuestros alumnos puedan conocer un país en paz y con justicia social y que ellos ayuden a construir la democracia que tanto anhelamos y necesitamos y que ha sido letra muerta en nuestra Constitución. ¡La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento! Y como dijera una ilustre pedagoga, María Montessori: “Establecer la paz duradera es obra de los educadores” y a eso nos debemos comprometer todos los maestros, desde la cátedra, desde la escuela de padres, desde la familia o desde el lugar que ocupemos en la sociedad. 

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