Los concepto de Evaluación y de Aula en una Escuela Transformadora -I-

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Desde la perspectiva de esta propuesta de Educación, Escuela y Pedagogía Transformadora –EEPT–, considero que la evaluación es un proceso sistemático y permanente que comprende la búsqueda y obtención de información de diversas fuentes acerca: de la calidad de la enseñanza y del aprendizaje, del desempeño, de los avances, del rendimiento, de los logros del educando y del educador; de la calidad de los procedimientos, métodos, técnicas y estrategias empleados por el educador y por el educando en los procesos de enseñanza-aprendizaje y de formación integral; de la organización y análisis de esta información a manera de diagnóstico y de su valoración objetiva; de la determinación de su importancia, coherencia y pertinencia, de conformidad con los objetivos de formación que se esperan alcanzar; todo con el propósito de tomar las mejores decisiones que orienten el aprendizaje y canalizar los esfuerzos de la gestión educativa para asegurar el éxito de quien aprende y de quien enseña.

De acuerdo con lo expresado anteriormente, considero entonces, con otras palabras, pero con la misma idea, el mismo concepto y, desde el mismo contexto, y referente, que la evaluación es un proceso que comprende: la búsqueda y obtención de información, el diagnóstico acerca de la realidad observada –individual y grupal–, la valoración en conformidad con las metas propuestas, la determinación de los factores que están incidiendo y la toma de decisiones que consecuentemente se derivan de dicho proceso, para asegurar el mejoramiento, el permanente progreso y el alcance del éxito.

Estos dos conceptos convergentes, anteriormente expuestos, se aplican a la evaluación en general, por lo tanto, pueden ser aplicados a la evaluación institucional, a la evaluación curricular, a la evaluación pedagógica, a la evaluación didáctica, a la evaluación de los aprendizajes, a la evaluación de los educadores y de los demás agentes educativos; aunque, en el presente libro, se aplique, en especial, a la evaluación integral de los aprendizajes y, se contextualice, en la propuesta de Educación, Escuela y Pedagogía Transformadora
–EEPT– y se opere en un Aula
Transformadora.

¿Qué entenderemos, en esta propuesta, por AulaTransformadora?

El término aula proviene del latín aula y del griego aule. Ambas raíces significan Sala de clase o Salón de clase, nombre tradicional que han recibido los espacios en los que los profesores y maestros –de forma tradicional–, han realizado la instrucción y la enseñanza de contenidos, temas, conceptos, por el método de transmisión-asimilación: uno transmite y otro asimila, uno informa y otro recibe la información. Aún, todos los centros educativos, manejan como espacio para la enseñanza, las salas y salones de clase, algunos aún tradicionales con el concepto heredado y la estructura tradicional, pero otras y otros, convertidas y convertidos en salas y salones especializados con una connotación diferente a la sala o salón donde se recibe información y con una sentido diferente: el sitio para la construcción del conocimiento.
A pesar del sitio parecido y la estructura arquitectónica tradicional, el aula de clase puede convertirse en un escenario distinto, en un ambiente diferente, que a pesar que permite la enseñanza, favorece de mejor Forma el aprendizaje y facilita, por lo menos, mejores niveles de comprensión: un aula de escuela nueva, un centro de interés, un laboratorio, una sala de informática, un rincón de proyectos, pueden ser escenarios diferentes y ambientes especiales que vuelven un aula normal de clases en un espacio más dinámico de formación y de aprendizajes colaborativos, autónomos y significativos es decir, en un Aula transformada y transformadora.

Se pueden entonces transformar las prácticas pedagógicas sin la necesidad de transformar locativamente las instituciones educativas y las aulas de clase.

Transformar o trasformar, del origen trasformar, significa hacer cambiar de forma, convertir una cosa en otra, cambiar con ella las cosas que dependen de ella misma; es decir, en nuestro caso, adecuar la sala, el salón, el aula de forma novedosa para que cuanto ocurra en ella, ocurra de forma diferente y, al cambiar esta forma, cambie el resultado de su uso y se convierta, siendo la misma aula, en un espacio flexible, que genere procesos y proyectos diferentes: un aula transformada y transformadora. En realidad, puedo asegurar, que en los mismos salones de clase tradicionales, pueden ocurrir muchas procesos diferentes y pueden surgir muchas actividades diversas, cuando se cambian las formas de enseñanza, se promueven nuevas estrategias didácticas y procesos pedagógicos, se modifican las tradicionales maneras de enseñar y se crean, recursivamente, con ingenio y creatividad, nuevos modelos pedagógicos y se construyen nuevos diseños y prácticas curriculares.
Puede entonces ocurrir lo contrario: construimos nuevos salones como mejores espacios arquitectónicos, pero las formas de enseñanza siguen siendo las mismas, tradicionales, con un emisor de información, un receptor de la misma, el mismo canal de comunicación –tiza, tablero y saliva o, marcador, tablero acrílico o papelógrafo y, en el mejor de los casos, video beam (proyectores de imágenes), proyectos y saliva– y, el mismo mensaje académico.
Por eso es importante hoy, detenernos a evaluar, no tanto el salón de clase como tal, sino lo que ocurre dentro de él y la forma como ocurre, para asegurar, que por lo menos, lo que se enseñe se aprenda y, en el mejor de los casos, se aprenda colaborativa, autónoma y significativamente, pues no solo es importante enseñar, sino, especialmente, permitir aprender.
Detenernos a pelear por el porcentaje de deserción escolar, la mortalidad académica y la repitencia es pertinente y apropiado, pero es más importante detenernos a evaluar por qué nuestros educandos no aprenden y, si aprenden, no saben hacer nada con lo aprendido, y si hacen algo con ello, no son capaces de explicar sus aprendizajes. Considero que es más importante profundizar sobre los problemas del aula, sobre la práctica pedagógica del educador mediador, sobre los factores endógenos que influyen en el aprendizaje como son las actitudes, la capacidad intelectiva, los métodos para aprender, la estructuración del currículum y de los contenidos disciplinares; como también sobre los factores exógenos que influyen en el aprendizaje: los medios masivos de comunicación social, la degradación humana, la sociedad en conflicto, la falta de cultura ciudadana, la carencia de valores, el uso irracional del tiempo libre, los espacios y tiempos fuera del aula que generan dispersión y, en el mayor de los casos drogadicción, alcoholismo, violencia generalizada.
Si miramos los problemas de las familias, entonces podríamos preguntarnos: ¿Qué pasó con las familias? ¿Dónde están los psicólogos y sociólogos? ¿Por qué la sociedad se destruye y en ese proceso se deteriora el hombre y sus valores? ¿Será que a la escuela le compete ahora solamente pensar en la academia, en la química, en la física y en las matemáticas si en realidad quienes asisten a nuestra aulas son primero seres humanos antes que alumnos?

 

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