A propósito del estudio de la Misión Calidad de la Educación para la Equidad

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En pasados días se realizó el lanzamiento de los resultados del estudio Educación de Calidad: Para una Ciudad y un País Equitativos[1], realizado por el equipo de la Misión Calidad de la Educación para la Equidad, encabezado por el profesor Alfredo Sarmiento, y que contó con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD– y de la Secretaría de Educación Distrital de Bogotá -SED-

A pesar de que por el momento sólo ha circulado información sobre el Estudio proveniente de artículos de prensa, y de su resumen ejecutivo, todo parece indicar que en este caso no estamos ante una de esas investigaciones que terminan saturando por su incapacidad de aportar algo que no se conocía de antemano, o por tener la pretensión de llegar a conclusiones útiles y significativas para la educación sólo tomando como referencia la información de las bibliotecas y de las bases de datos, sin consultar la vida de las escuelas y de las comunidades educativas.

Por limitaciones en la extensión de esta nota, los párrafos a continuación quieren destacar sólo tres de los elementos que en principio pueden hacer de este Estudio un trabajo innovador, merecedor, por tanto, de ser debatido por quienes se interesan en garantizar el derecho a la educación, y en la transformación de las prácticas y los saberes escolares.

En primer lugar, es necesario aclarar que el Estudio ha tenido como propósito identificar, por medio de una consulta a las comunidades educativas de Bogotá, “los rasgos fundamentales que debe tener la educación como elemento central de la construcción para que el país alcance y disfrute el desarrollo humano”. En efecto, la investigación se realizó utilizando diferentes mecanismos de consulta, y a través de la realización de encuentros con padres de familia, maestros, funcionarios con responsabilidades en el sector y con investigadores de la educación y de la pedagogía. Sin embargo, con base en la convicción de que la educación va más allá de lo meramente escolar, y que la responsabilidad de la garantía del derecho no es exclusiva de los docentes y de los trabajadores del sector, la indagación se amplió a otros actores vinculados a la política social, y con conocimiento de los complejos retos que nuestra ciudad y nuestro país tienen para avanzar en la senda del desarrollo y de la construcción de igualdad social.

El principal argumento que llevó a esta ampliación en la base y en el alcance de la consulta es tan simple como contundente: gran parte de la enseñanza y del aprendizaje sucede por fuera de la escuela. Por lo tanto la sociedad en su conjunto no puede dejar de lado una responsabilidad que le compete. Al fin al cabo educar es cuestión de todos, y no es aceptable ya la tradición de achacar las culpas a los educadores cuando se detectan dificultades, para después, cuando se hacen evidentes los avances, “cobrar” por algo en lo que hasta hace poco se decía no tener nada que ver.

A pesar de que por el momento sólo ha circulado información sobre el Estudio proveniente de artículos de prensa, y de su resumen ejecutivo, todo parece indicar que en este caso no estamos ante una de esas investigaciones que terminan saturando por su incapacidad de aportar algo que no se conocía de antemano, o por tener la pretensión de llegar a conclusiones útiles y significativas para la educación sólo tomando como referencia la información de las bibliotecas y de las bases de datos, sin consultar la vida de las escuelas y de las comunidades educativas.

Por limitaciones en la extensión de esta nota, los párrafos a continuación quieren destacar sólo tres de los elementos que en principio pueden hacer de este Estudio un trabajo innovador, merecedor, por tanto, de ser debatido por quienes se interesan en garantizar el derecho a la educación, y en la transformación de las prácticas y los saberes escolares.

En primer lugar, es necesario aclarar que el Estudio ha tenido como propósito identificar, por medio de una consulta a las comunidades educativas de Bogotá, “los rasgos fundamentales que debe tener la educación como elemento central de la construcción para que el país alcance y disfrute el desarrollo humano”. En efecto, la investigación se realizó utilizando diferentes mecanismos de consulta, y a través de la realización de encuentros con padres de familia, maestros, funcionarios con responsabilidades en el sector y con investigadores de la educación y de la pedagogía. Sin embargo, con base en la convicción de que la educación va más allá de lo meramente escolar, y que la responsabilidad de la garantía del derecho no es exclusiva de los docentes y de los trabajadores del sector, la indagación se amplió a otros actores vinculados a la política social, y con conocimiento de los complejos retos que nuestra ciudad y nuestro país tienen para avanzar en la senda del desarrollo y de la construcción de igualdad social.

El principal argumento que llevó a esta ampliación en la base y en el alcance de la consulta es tan simple como contundente: gran parte de la enseñanza y del aprendizaje sucede por fuera de la escuela. Por lo tanto la sociedad en su conjunto no puede dejar de lado una responsabilidad que le compete. Al fin al cabo educar es cuestión de todos, y no es aceptable ya la tradición de achacar las culpas a los educadores cuando se detectan dificultades, para después, cuando se hacen evidentes los avances, “cobrar” por algo en lo que hasta hace poco se decía no tener nada que ver.

En efecto, el Estudio consultó a actores sociales con acción directa e indirecta en la educación a través de mesas de trabajo, encuestas, entrevistas, seminarios temáticos y por medio de opiniones consignadas en la Web. Se trató de indagar las percepciones y vivencias de estos actores sobre dos aspectos complementarios
entre sí. De una parte, se exploraron los elementos, o si se quiere los factores, que pueden llegar a determinar lo que se denomina Calidad en educación. Se quiso que los participantes en el proceso expusieran, con base en su saber y en su experiencia, los aspectos que les resultan cruciales a la hora de determinar lo que constituye una imagen aceptable de una educación de calidad con equidad de oportunidades y de resultados para
todos.

 

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