El contexto de la Evaluación en una Escuela Transformadora -II-

Ratio:  / 3
MaloBueno 

Si en la Escuela Transformadora se busca promover el desarrollo humano, entonces es importante evaluar el desarrollo de las dimensiones antropológica, axiológica, ético-moral y formativa través de las cuales éste se logra.

Preguntarnos si estamos formando el tipo de hombre y de mujer que necesita nuestra sociedad, si lo estamos haciendo a la luz de unos principios y valores humanos, sociales, culturales, cristianos, si estamos desarrollando los mínimos éticos que nos permiten vivir en comunidad y en convivencia, si estamos promoviendo el desarrollo de las dimensiones espiritual –ser–, intelectual –saber–, socio-afectiva –sentir–, psico-motriz –saber hacer– y comunicativa –expresión del ser, del saber, del sentir y del saber hacer–, creo que es más importante que ponernos a preguntarnos cuántos estudiantes deben aprobar y cuántos deben reprobar un año escolar, o preguntarnos con cuántas áreas o asignaturas se pierde un año escolar, o preguntarnos cuáles son las notas mínimas que deben alcanzar…; preguntas importantes, pero no necesariamente imprescindibles o necesarias, cuando se trata de evaluar el desarrollo y la promoción de un ser humano.
Si en la Escuela Transformadora se busca una educación por procesos contextualizados en los ciclos de desarrollo de los educandos, entonces la evaluación debería estar pendiente de hacerle seguimiento y control a los procesos del desarrollo bio-psico-social, corporal-motriz, afectivo, espiritual, estético, artístico, político, cognitivo de los educandos, al desarrollo de los ritmos de aprendizaje, al proceso de construcción del juicio moral, al desarrollo de la personalidad y del carácter y a la adquisición de virtudes para preparar hombres y mujeres maduros en su forma de ser, sentir, actuar, vivir, convivir, saber, saber hacer, pensar, aprender y emprender.
Si en la Escuela Transformadora se propende por la construcción del conocimiento, entonces en ella se espera construir a un ser humano capaz, desde su inteligencia, de tomar postura crítica frente al conocimiento científico y tecnológico, frente a los avances de la cultura y, para ello, demanda desarrollar sus funciones cognitivas, sus procesos de pensamiento, su capacidad intelectiva, sus múltiples inteligencias, su estructura mental y, al operar todos estos factores intelectivos, desde la meta-cognición, desarrollar sus capacidades de interpretación, argumentación y proposición, desde la crítica constructiva, la reflexión, el ingenio y la creatividad, para lograr el desarrollo de competencias básicas y cualificar la calidad de los desempeños, con potencial de aprendizaje.
Entonces, la evaluación, debe permitirnos valorar, no solamente, los conocimientos adquiridos o no adquiridos, por parte de quien aprende, sino también, los procesos intelectivos utilizados para aprender, autónoma y significativamente. Entonces, se hace más importante saber porqué aprende o porqué no aprende el educando, que solo saber cuánto aprende, para poderle aportarle estrategias y facilitarle procesos y recursos, para su mejoramiento.
Si en la Escuela Transformadora se buscan favorecer los aprendizajes autónomo, significativo en sus educandos, estos aprendizajes implican el desarrollo de las actitudes hacia los mismos.
Es de vital importancia buscar estrategias y alternativas para generar expectativas en los educandos hacia el aprendizaje riguroso y científico, canalizar el interés, motivarlos, ganar su atención para mejorar los niveles de comprensión y participación. Es más importante pensar en motivar al educando para aprender, que obligarlo a estar en la escuela sin hacerlo y sin lograrlo.
Preocupa entonces de forma primordial, la calidad de los métodos empleados en la enseñanza, las técnicas de enseñanza-aprendizaje, las estrategias y procedimientos a través de los cuales se produce la construcción del conocimiento, el desarrollo de los hábitos de estudio y de las habilidades y destrezas que cualifican el hacer y el actuar humano.
Construir el conocimiento y producir el saber implican cualificar el currículum, los planes de estudio, el enfoque de las áreas y las asignaturas, la organización de los núcleos temáticos y de las unidades didácticas y la estructuración apropiada de los conceptos por aprender. Es más importante crear las condiciones pedagógicas, didácticas, metodológicas, curriculares e investigativas en educación que pensar en cuántos educandos deben repetir año y cuáles deben ser expulsados de las instituciones educativas.
Todos estos elementos cognoscitivos del saber –dimensión científica–, cognitivos del pensar –dimensión epistemológica–, procedimentales del saber hacer –dimensión metodológica– y de recursos para saber comunicar –dimensión tecnológica– son más importantes que estar pensando cuántos educandos deben aprobar o reprobar.
Si en la Escuela Transformadora se pretende producir cambios socio-culturales, desde la formación del liderazgo transformacional y el emprendimiento de las nuevas generaciones de niños, niñas y jóvenes, entonces se busca en ella –la Escuela Transformadora– formar un educando autogestionario, proactivo, protagónico, comprometido, laborioso, productivo, crítico constructivo, participativo, solucionador de problemas, ingenioso, creativo, innovador, inventor, por lo tanto, la evaluación debe permitirnos valorar y evidenciar estos niveles de logro. Esto nos puede dar a entender que no es tan importante –aunque lo es en su coherente y pertinente medida– saber cuánta nota sacó un educando en una tarea, un trabajo o un examen, sino cuáles son los problemas que debe solucionar y cómo debe actuar con eficiencia, eficacia y efectividad.
Estoy seguro y convencido –producto de mis experiencias evaluativas con niños, niñas, jóvenes, adolescentes y personas maduras y de edad avanzada, evaluando a niños de 3 y 4 años hasta educandos de doctorado con 55 a 65 años– que el educador mediador, a través de la evaluación, debe asumir el reto de encontrar las reales causas de por qué cada niño, niña, joven o adulto no quiere o no puede aprender. Si no quiere aprender, evaluar sus actitudes, pero no para sancionarlo o sacarlo del sistema, sino para cambiar las estrategias de motivación. Si el educando no puede aprender, puede tener dos causas: no haber desarrollado sus aptitudes intelectuales y su capacidad para pensar o no tener los métodos apropiados para aprender. Es una tarea de la escuela buscar las mejores formas para desarrollar los procesos de pensamiento y cualificar las funciones cognitivas de los educandos, como también investigar y proponer pedagógica y didácticamente estrategias que le faciliten al educando asumir la construcción conceptual y permitirle, no solamente entender y comprender, sino también aprender y aprender significativamente, lo que le implica aplicar el conocimiento, tomar una postura crítica frente a él, reflexionar sobre lo aprendido y explicarlo, para poder, con ingenio, proponer algo diferente a lo aprendido y producir algo nuevo.
Pensar en evaluar lo visto en clase ya no tiene sentido. Conviene más evaluar por qué lo visto en clase no es aprendido, el nivel de pertinencia de lo que se enseña y para qué se enseña en las escuelas de todo carácter y nivel.
La evaluación nos debe permitir hacer los cambios pertinentes, y a tiempo, en el proceso educativo y formativo, académico y conductual, no debe pretender evidenciar resultados para descubrir en ellos, que el tiempo se ha perdido y que cuanto hemos hecho no ha tenido sentido, por los malos resultados obtenidos.
Así como podemos evaluar de forma integral el aprendizaje, se puede evaluar también integral y holísticamente todo lo que hacemos en el centro educativo para que éste ocurra, aclarando que el aprendizaje no es solo el conocimiento científico, sino, como lo sugiere la propuesta de Educación, Escuela y Pedagogía Transformadora –EEPT–, es: aprender a ser, aprender a sentir, aprender a actuar, aprender a vivir, aprender a convivir, aprender a saber, aprender a saber hacer, aprender a pensar, aprender a aprender, aprender a emprender y a liderar, demostrados y evidenciados estos aprendizajes en sus correspondientes competencias –antropológicas, afectivas, éticas, morales, axiológicas, espirituales, ciudadanas, académicas, científicas, laborales, ocupacionales, cognitivas, investigativas, tecnológicas y de liderazgo y emprendimiento–.
 

Publicidad
Go to top