Soy indio ¿y?

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En un colegio rural de Sucre, la comunidad ha salido al rescate de su etnoidentidad. Ahora los niños vuelven a sentirse y a actuar como zenúes.

No lo busque en los mapas, no aparece. Escobar Arriba es un corregimiento del municipio de Sampués. En el último censo tenía más de 31 mil habitantes incluyendo el resguardo indígena, del cual Escobar Arriba, es un cabildo... Allá, a 15 minutos de Sampués y 45 de Sincelejo en carro, con 26 grados de temperatura y en una construcción sin paredes, con pisos de cemento, muy abierta, para que entre y salga el conocimiento de sus 6 o 7 aulas tipo caney, (con su techo de paja sobre horcones) dentro de una de las fincas recuperadas por los indígenas en su lucha por la tierra, en esos ambientes escolares espectaculares, revive la rebeldía descendiente de los Arawac y los Turbacos, representativos de la familia Caribe. En el Centro Educativo Ceinesar se desarrolla el proyecto “Estrategias curriculares para la conservación de la etnoidentidad Zenú. El rector Raúl Nicanor Velilla Aldana, un maestro de pelo largo, nariz fileña y pecho ancho; un indio macizo, anda por todo el país dando a conocer su experiencia. Lo acompaña, Manuel del Cristo Flórez, otro maestro con cara de vaquero. Regados en su stand: sombreros vueltiaos, manillas, pulseras y mochilas hechas en su región. Ellos describen la suya como una experiencia pedagógica de vida, con todos los elementos necesarios para educar generaciones de relevo en su etnia.

Básicamente, relata el profesor Velilla a quienes lo interrogan, nuestro proyecto consiste en el rescate cultural a través de todas las áreas del conocimiento. Nosotros cogimos toda la experiencia pedagógica, a través de un método ecléctico y con unas estrategias propias para implementar todas las experiencias del campo educativo, por ejemplo, en las áreas del conocimiento nosotros tenemos zenúmeros y cálculo, tenemos comunicación y lengua, expresión, madre tierra 1, madre tierra 2, juegos y rondas autóctonos, cosmogonía y la biodiversidad, todo esto se desarrolla a través de asignaturas y de estrategias particulares como la del Cabildo de Mayores, que es nuestra mayor fortaleza, recoger todo el saber y la experiencia de nuestros mayores; el cabildo escolar, la interculturalidad, el espacio comunitario, investigación, la medicina tradicional, los proyectos productivos, los convenios interinstitucionales y las artesanías entre otras áreas.

Los maestros consideran que la propuesta tiene enemigos, los mismos que se ven sometidos ante la fuerza, la convicción y la participación de los niños, de la gente mayor; en suma, de la comunidad que se puso la meta de conservar su cultura. Como quiera que las nuevas tecnologías de la comunicación no son dirigidas exclusivamente a las grandes urbes, sino que hasta las zonas más rurales del país se han visto permeadas, se me ocurre preguntarle al profesor Velilla sobre si allá también la gente se quiere parecer a mexicanos, europeos y gringos como acá y él, contesta sin dudas…“Sí, esa es la lucha, contra la aculturación, más no contra la negación de otras culturas, lo estamos intentando y ya tenemos niños identificados, hay que ver cómo un niño dice: yo soy el capitán, con esa arrogancia, soy indio, con ese espíritu que nosotros tenemos como tales, ya no se ven niños a los que les digan indio, y la palabra indio los acoquine, ahora ellos dicen, soy indio ¿y?, eso somos nosotros, ¡indios!”Su cosmovisión les permite que la escuela armonice con el pueblo, de manera que el pueblo es la escuela.

El Cabildo de Mayores, guía, orienta en áreas como la medicina tradicional, los proyectos productivos, las artesanías, la agricultura. Los niños y jóvenes hacen las preguntas y construyen desde el eco sus respuestas; como cuando su pueblo construía sistemas de drenaje para controlar inundaciones y favorecer el riego; como cuando eran un pueblo respetable y respetado. Mientras estos maestros vinieron a mostrar el trabajo y el entusiasmo colectivos, allá quedaron otros, como Orlando Martínez, Alfer Márquez, Alberto González Gaviria, Carlos Sierra, Ariel Geney, Martha Montero y Jazmín Agua, para garantizar que no pare la búsqueda, la indagación, el encuentro de las raíces extraviadas por la fuerza, las invasiones o la indiferencia.

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