A propósito del día del padre Me alquilo para biografiar algunos papás famosos

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Pancho, el marido de Ramona: como don Fulgencio, nunca tuvo infancia. Pancho y Ramona no se casaron: se fueron a vivir con sus propias monotonías. Pancho recibió la mujer por cárcel. Su mujer también. Lo único rescatable de su matrimonio son su tabaco y sus fugas al Café de Perico. Si a Pancho nunca le alcanzó para la fidelidad, mucho menos para la infidelidad. Rosita, hija única, puede ser del matrimonio de algún vecino con alguna vecina. Lo cierto es que Rosita no se parece ni a papá ni a mamá. Pancho y Ramona forman la típica pareja que se casa para no caerse de la cama.

Lorenzo Parachoques, esposo de Pepita: siempre serán felices aunque nunca sabrán por qué. Lorenzo fue flechado por Pepita en una escasez que ‘hubimos’ de machos. Parachoques es de aquellos fulanos que no consiguen mujer, sino al contrario. En matrimonios como éste la mujer saca al marido del anonimato. Como en el caso de María y José, padre de Jesús. Parachoques es de esos maridos que nunca tendrán plata, ni estrés, ni úlcera, ni nada. Si fuera por él se quedaría vivo toda la vida. Una mañana, al despertarse, Pepita le dijo: “Mi amor, soñé que me comprabas un abrigo de visón”. Su respuesta fue contundente, como una muerte repentina: “Sigue soñando a ver si conseguimos con qué pagar ese abrigo”. Y adiós sueños.
Supermán: le faltó criptonita sexual para hacer mamá a su novia, la reportera Luisa Lane, quien nunca escribió una noticia, como el fallecido don Enrique Santos. Con Supermán nació aquello de que si se maneja bien, la mujer tendrá novio para toda la vida. Mister Clark Kent es el típico macho que prefiere trabajar a hacer el amor. Si los ejecutivos de Internet siempre andan en junta, Supermán anda desfaciendo entuertos, cual Quijote volador. La pareja se quedó soltera porque el hombre de acero, una mezcla de Jekill y Mr. Hyde, nunca habría soportado que su Luisa hiciera el amor con su parte perversa. Es la ética de las tiras cómicas.
Eneas Flores de Apodaca, simplemente Eneas: es el prototipo de esos mariditos oprimidos que no salen de debajo de la cama “porque en esta casa mando yo”. Nunca sonríe y un hombre que no sonríe es capaz de matar a la mamá, según dijo, quién lo creyera, San Isidoro de Sevilla. Eneas es de esos que no nació, sino que lo fundaron. Es sospechoso de todo un hombre que conoció el mar, no en compañía de su esposa, sino de Benitín, su ínitmo amigo. Cuando vio el mar por primera vez, sólo se le ocurrió decir: y eso que no se ve sino el agua de encima.
El Fantasma (por duende que camina): es lo que pudiera llamarse un buen tipo, que es de lo peorcito que le pueden decir a uno. Para acabar con la sospecha de que se extrovertía con los enanos de la selva profunda, se dedicó a tener hijos con Diana. Es el precursor de los maridos que ayudan a tender cama, lavan los platos, aspiran, traen la leche, votan, sacan el perro a hacer pipí al parque, recogen la caca, cambian de pañales. Nunca aparecería en una lista de los que se beben a un traqueto.
Don Quijote de la Mancha: Habría sido el mejor abuelo del mundo si hubiera recuperado la razón de su sin razón. No sé cómo le habría ido como marido de la sin par Dulcinea del Toboso, su dulce enemiga, destinataria de la más bella carta de amor que nunca llegó a su destino. El cartero –Sancho– nunca llamó ni una sola vez. Claro que a la primera canita de amor al aire con su amada, este “invicto vencedor, jamás vencido” habría quedado liquidado.
Don Abundio: Si el voyerismo embarazara sería de esos padres modelo que quieren tanto a sus hijos que a cada uno le tiene mamá distinta. Don Abundio, se dedicó a ver pasar muchachas con el mismo deleite que los filósofos ven pasar Entierros, excluído el de ellos.
Olafo El Amargado: Nunca será carne de los A.A. (Alcohólicos Anónimos). Es mejor marido Tarzán y mejor papá Homero Simpson. El sueco Olafo no se casó con, sino contra Helga. Toda la quincena se le va en trago, lo que no tiene nada de original, como el famoso pecado idem. Lo raro es que nunca se ha sabido un carajo sobre la educación sexual que le dieron a su hija Astrid. Y que esto suceda entre suecos es extraño. Bebe cerveza con tanto deleite que su historieta cómica debería tener esta leyenda: el alcohol y Olafo son perjudiciales para la salud.
Tarzán de los monos: es un papá ecológico que se niega a hacer el tránsito del bejuco al avión. O siquiera al Transmilenio. Es un privilegiado que a toda hora respira aire sin usar. Se tutea con los pájaros, como el hijo de un nobel japonés de Literatura. No conoce la ciudad pero tampoco piensa volver a ella. Con Jane, su mujer, comparte hasta la caída de una hoja. Sus hijos podían ser ministros del Medio Ambiente en el gabinete del presidente (e) Alvaro Uribe Vélez. Familia como la de Tarzán que no tiene que pasar la calle ni hacer fila nunca, permanece unida para siempre.
Adán: en graciosa reciprocidad divina por haber sido el primer papá nunca tuvo suegra. En cambio, tampoco tuvo novia, sino mujer de una sola vez. Lo que no deja de ser un inconveniente porque de ciertos matrimonios descuadernados lo único rescatable es el noviazgo. Pero como el hombre mata lo que más ama, las parejas terminan casándose. Adán fue el Luis XIV de Eva. “El amor soy yo”, le dijo, y poblaron la tierra. Ningún epitafio mejor que el de Eva para papá Adán, según Mark Twain: “Donde quiera que ella estuviera, allí estaba el Edén”. 

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