Orlando Fals Borda, Caribe Universal

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Barranquilla es una ciudad relativamente joven y a pesar de que en su fundación no aparecen blasones ni cruces, su historia poco documentada habla no sólo de vaqueros y vacas sedientas. Antes, mucho antes, indios Caribes, aprovechando su inmejorable ubicación geográfica -la confluencia de aguas saladas y dulces-, utilizaron ese lugar para comerciar.

 Después fueron foráneos quienes desde otros mares zarparon trayendo mercaderías, ideas, su sangre y noticias de otras civilizaciones. Por ahí ingresaron a nuestro país la radio, la aviación, el fútbol. Otras culturas llegaron con aportes: europeas, orientales, árabes...Por esta vía, a finales del Siglo XIX arribaron los hermanos Alfredo y Fernando Fals. Venían de Cataluña, habían salido cuando la guerra entre USA y España y, luego de pasar por Cuba, echaron anclas en Barranquilla. Ellos construyeron una plaza de toros en la ciudad, trajeron el primer circo y crearon el primer casino. Alfredo siguió bajando por el Magdalena y poco después en Magangue, montó un casino y fundó una familia con una momposina...
...“Ellos fueron mis abuelos”, me dice con su voz mansa.
Este es el origen de Orlando Fals Borda, uno de los más importantes sociólogos del país, fundador de la Facultad de Sociología en la Universidad Nacional, autor de muchas obras escritas y creador del método de la Investigación Acción Participativa para la educación popular. Después que lo he provocado, sigue diciendo...
“...Yo nací en la calle Santa Ana de Barranquilla y mis padres fueron profesores del Colegio Americano, que me guiaron hacia las letras y las artes. La biblioteca de mi padre era sumamente completa siempre alimentada por publicaciones para niños. Mi madre fue una dirigente social, al punto de ser la primera mujer en la costa que tuvo una hora de radio en la Voz de Barranquilla, en los años treinta y organizaba campañas médicas con sus amigos. La primera campaña contra el cáncer la hizo ella con médicos de Barranquilla y luego se extendió al resto del país, como resultado de sus esfuerzos.”

M.CH.B: ¿Qué recuerda de su infancia, dónde estudió ?
O.F.B: Mi padre, en razón de su oficio tenía que viajar a Panamá a hacer diligencias y salía desde el muelle de Puerto Colombia, entonces ellos eligieron vivir en Salgar, por la cercanía. Salgar fue para mí lo más agradable en mi infancia; vivíamos en una casa al pie del mar, desde donde nadábamos hasta salir a la barra del otro lado, donde reventaban las grandes olas. Yo recuerdo eso con gran cariño, a excepción de los jejenes y del aguamala, eso si era terrible... también las caminatas que hacíamos al Castillo que según tengo entendido está muy bien arreglado y que en ese tiempo era una Estación de Aduana de vigilancia española. El paso del tren era así mismo una aventura sumamente interesante. Yo alcancé a montar y gozar de ese tren cuando pasaba de Puerto Colombia para Barranquilla

M.CH.B: ¿Dónde estudia el bachillerato, maestro?
O.F.B: Como te dije, mis padres eran profesores del Colegio Americano, ellos me consiguieron una beca allí, eso fue muy importante porque era un colegio bilingüe. Después otra beca y me voy a estudiar Literatura, Literatura Inglesa en Estados Unidos.

M.CH.B: ¿Cómo fue el viaje?
O.F.B: Bueno en esa época, eso fue en el año 44, había solamente hidroavión entre Barranquilla y Miami; fue quizás mi primer vuelo en avión. Hicimos escala en Cinfuegos y en Jamaica, en todo caso fue un viaje bastante largo y luego hicimos otro más largo en tren, desde Miami hasta Chicago en cuya cercanía estaba la universidad. El recuerdo que tengo más vivo es el patriotismo. Como colombiano emigrante, llevaba un tiple, me distraía tocándolo y mucha gente venía a escucharme tocar y cantar, pero una vez que llegué a la universidad en ese clima tan seco, el tiple se me rompió en pedazos, se le reventaron las cuerdas... se me acabó mi dedicación patriótica. Entonces me interesaron otros aspectos musicales como la música coral y el piano. Allí estuve un buen tiempo estudiando estas artes. 

M.CH.B: Maestro, usted dice que la beca fue para estudiar literatura inglesa, cómo se compaginó el nuevo idioma con el “Ay hombe” y el ¿eche que vaina es esa?

O.F.B: Bueno eso sí fue un esfuerzo espantoso, pero yo tuve una regla y fue que durante tres meses me propuse no decir una sola palabra en español y claro, los otros latinoamericanos me cogieron tirria porque no les hablaba, pero a los tres meses estaba yo hablando mejor que ellos. Al año me reconocieron que yo tenía razón y me eligieron presidente de su club. Lo de literatura inglesa, porque estaba en el contexto; pero más adelante descubrí la sociología y aunque no dejé de interesarme por la literatura, he tratado de combinar las dos, la literatura con las ciencias sociales.

M.CH.B: ¿Esa sensibilidad maestro, digo, su gusto por la música, por la literatura, su sentido social; quizá esté señalada por el ambiente del hogar, por sus padres maestros?

O.F.B: Yo sí creo que eso viene de la casa, mis padres tenían grandes preocupaciones sociales, yo los acompañaba en sus idas al trabajo y eso como que es subliminal, eso se va metiendo. Luego cuando uno va rompiendo los lazos familiares, va descubriendo otras vertientes que le van dando el carácter, pero lo que le pasó a uno en la niñez, es definitivo.

M.CH.B: Entiendo que usted regresa a Colombia, la sociología, la profundización -tiene muchos títulos en está área- ...¿En qué momento se da su relación tan fuerte con Freyre?
O.F.B: Fue muy posterior, ya en los años setenta que logré conocerlo y trabajar junto a él, una vez que se estableció la Facultad de Sociología en la Universidad Nacional hubo una serie de actos que atrajeron la atención de los educadores; en estos momentos había mucho interés en desarrollar técnicas de participación social que desbordaran las fronteras de la escuela, que la sacaran del contexto de esas cuatro paredes y fuera hasta las comunidades a conocer y a trabajar con la gente de carne y hueso. En la Educación Popular, Paulo Freyre era nuestro gran maestro. Él organizó un Consejo Latinoamericano de Educación de Adultos con sede en Santiago de Chile, donde estaba en el exilio en esa época, porque en el Brasil se había establecido la dictadura militar y fue el primer Presidente del CEAL, como se llamaba, ahí colaboré bastante y cuando él se retiró, yo fui nombrado en su reemplazo continuando los trabajos que él había iniciado.

M.CH.B: A usted se le reconoce en el ámbito nacional e internacional por aquello de la Investigación Acción Participativa, ¿cómo define usted la IAP, es una metodología?
O.F.B: Si, es una metodología que se fue formando a raíz de los inconvenientes que uno iba experimentando en las instituciones establecidas para acercarse a la realidad ambiente. La rutina académica de esa época, de la que queda mucho hoy; impedía que uno entendiera a fondo la naturaleza de los problemas sociales, políticos, económicos, y culturales y debíamos romperla en alguna forma, no dentro de la universidad, porque eso era imposible por los intereses creados, si no, por fuera de ella. A ese esfuerzo de salirse de la universidad y salir a las comunidades de base se llama participación popular, de allí entonces el mote que se le puso a ese método, que conlleva a una acción para transformar la realidad que muchas veces no es fácil de entender desde la rutina académica. Realidades que eran insatisfactorias para las gentes y sus problemas de base que todos aceptamos que son fundamentales, como la pobreza, la enfermedad, el hambre, la explotación económica, la subordinación intelectual y económica; todos caben dentro de la investigación participativa porque es para el servicio de esta gente.
M.CH.B: Ese trabajo suyo, que fue a través de la ANUC, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ¿dónde dio sus mayores frutos?
O.F.B: Bueno en muchas partes donde yo he trabajado, por ejemplo en Córdoba y Sucre donde se luchó por la tierra. Fue bastante duro, peligroso, con grandes conflictos, pero se logró recuperar bastante tierra que estaba en poder de los latifundistas y que no producía. No pudieron derrotarnos a pesar de que los gobiernos de la época -los años setenta- se pusieron de parte de los latifundistas.

M.CH.B: Bueno usted ha tenido naturalmente un oriente ideológico, ha militado?
O.F.B: Bueno, pues yo me desilusioné muy pronto de los partidos tradicionales pero nunca fui comunista y la alternativa que se dibujó para personas como yo, fue la que nos brindaron los llamados Movimientos Sociales y Políticos principalmente los que buscaban las reivindicaciones sociales y económicas. El que más recuerdo fue Colombia Unida en los años ochenta, que reunió y coordinó ciento setenta y cinco movimientos. Hoy milito en el Frente Social y Político.

M.CH.B: Usted fue constituyente por la Alianza Democrática M 19, qué le duele que se haya desgajado de todo eso que ustedes moldearon con la Constitución del 91?
O.F.B: Lo que yo siempre he insistido es en que se haga una reorganización territorial del Estado. Yo estoy esperando que antes morir salga por fin esta Ley. Ahorita en el Senado vamos por el noveno intento sucesivo...pero yo creo que con ley o sin ley, ya se están creando regiones en Colombia, hay seis gobernadores que tratan de dar respuesta a los problemas reales de la gente: Tolima, Cauca, Nariño, Caquetá, Huila y Putumayo, la región Surcolombiana.

M.CH.B: ¿Qué espera hoy de la vida, maestro?
O.F.B: Bueno yo quisiera que cuaje en este país una alternativa de índole humanista, socialista, libertaria, que responda a las necesidades de los pueblos, que equilibre los excesos del capitalismo como se nos ha impuesto, para buscar alegrias propias, que están en la existencia del trópico. Muchas veces hemos pensado que estar en el tropico es una desvnetaja en el mundo moderno, eso es solamanete cuando se compara con las zonas templadas, pero ser del trópico es un gran privilegio porque es una maravilla la diversidad de la vida. Si Dios hizo según la Biblia un paraiso terrenal, ese no esta por allá en el monte ararat, ni en alaska, ese esta es aquí.

M.CH.B: A este hombre brillante, que dedico su vida a la educacion popular, que recobro su "caribeñidad" escribiendo la Historia de la Costa, a quien le brillan los ojos cuando habla de su esposa María Teresa Salazar, de la justicia social, de sus sobrinos, acaba de cumplir setenta y ocho a;os el 11 de julio. La ESCUELA PAÍS - tinta lo destaca como maestro de maestros

 

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