Qué hacer con la poesía?

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DECÁLOGO
1. Se debe crear y fomentar un ambiente propicio para hablar de poesía, especialmente para su lectura. Ello nos permite deducir qué ambientes necesita la poesía para su producción. Un espacio agradable, atractivo, embellecido por la fragancia de las palabras y que invite al enamoramiento, anima a cualquier lector. 

En un espacio poético podemos cerrar los ojos y vivir ambientes imaginarios como el deslizamiento de una catarata, el sonido de un disparo, el impacto de un trueno, el galopar de un caballo, el aleteo de una luciérnaga, el cantar de dos pajaritos enamorados, la partida de un barco, el llanto de un niño, el aroma de un perfume... ver el río que se desliza por un pueblo, la nube que coquetea con las plantas del parque, la lluvia que sonríe, el palpitar de quienes hacen trepidar el amor...

2. Se debe abolir la idea (inconsciente colectivo) que la poesía es una construcción literaria con un régimen métrico, rítmico y como oficio de eruditos. El fondo de la poesía es su forma. Es decir, la poesía en el fondo tiene una forma y es la que le da el poeta para que sea poesía, y que el lector la lea como tal. Luego, la poesía en el fondo quiere decir algo, y lo dice de una forma peculiar, según la inmensidad y majestuosidad y el respeto que se merece la poesía.

3. La poesía se lee para:
* Vivirla como fuente de goce, de deseo (a propósito, si el cuento gana una pelea boxística por nocáut, según Cortázar, y una novela gana el combate por puntos, yo considero que la poesía gana ese encuentro por y con el amor, porque, como deseo, parece que fuera algo prohibido- ¿qué puede decir un padre de familia al ver a su hijo o hija que se la pasa leyendo poesía? y por ser breve esa cita amorosa, nunca quiere acabarse).

* Escribir sobre los demonios benignos que ronronean en nuestra cabeza, sin tapujos, pensando en múltiples lectores a quienes se les comunica algo significativo (es significativo porque les interesa). Por lo tanto, me arriesgaré a abrir un verso con un epíteto y cerrarlo con otro, sea sinónimo, sea antónimo, sea... Puedo desprenderme del poeta y ser Yo poeta.

* Percibir la musicalidad del poema e inhalar la grandeza de sus palabras, llevar esas palabras en un viaje armonioso por todos los sentidos y volar con ellas.

* Indagar sobre si lo que le pasa o narra el autor o autora, también me sucede o me puede acontecer a mí y bajo qué circunstancias (conflictos, intimidades, vivencias). Cuestionar si yo soy protagonista de aquel poema, y cómo dicho autor (hombre o mujer) pensó en mí de qué manera se acordó de mi existencia, por qué, desde cuándo creyó que yo existía con esa singularidad.

4. Toda lectura merece respeto. La poesía, por ser texto escrito más corto que el cuento y la novela, necesita más respeto: solemnidad, entrar en el mundo del deseo y del goce para así llegar a ella con más fuerza, sin interrupción.
5. Leer diariamente, como abrebocas de una sesión pedagógica, inicialmente por parte del educador, con el ritual que la lectura merece, vale más que cincuenta minutos de clase tradicional tratando de abordar análisis rigurosos que sólo harán brotar tedio y rechazo en quienes quieren escuchar poesía. Si el animador lo hace, los estudiantes se apersonarán de su prática constante y consecutivamente, y todos crecerán en riqueza sensibilizadora, en riqueza lexical, en riqueza interpretativa y formativa de aprehensión personal. Así, los educandos serán capaces de formarse en una línea o en una valoración de determinado autor o autora, e incluso, de varios autores. Se fomentará el gusto por intereses según la autonomía y singularidad de los estudiantes. Como el poeta es un idealista, un soñador, y esos son los trascendentes (los soñadores), el estudiante que sabe escuchar y leer poesía también tendrá cabida en el mundo de los inmortales. siguiente>>
6. Hacer de las imágenes poéticas algo real, tangible, cercano, cotidiano, para hacer que se detecte la belleza al decir las cosas, y comprobar que lo grandioso está en lo sencillo con que se expresen dichas imágenes.

7. Imaginar la musa o las musas, la fuente de inspiración de quien escribe poesía. Que yo sea capaz de responder a ¿qué es la inspiración?

8. Tomar una palabra sencilla empleada por el poeta, por ejemplo, noche, y deducir, navegar, extrapolar una semiótica de la noche: qué es, cómo es, para qué sirve, quiénes habitan la noche, a quién afecta, quiénes la gozan, si la noche es triste y quiénes la hacen llorar, de qué color es, cómo es mi noche, qúe sucede durante la noche, cómo relacionar silencio -sueño- noche... Si quien escribe poesía utiliza el término de determinada forma, cómo yo compongo el verso más lindo dedicado a la noche y lo comparo con el del poeta... De igual manera, este viaje por el mundo de las palabras se puede hacer con otros términos como mujer, manos, perfume, diván, voz, primavera, luz...

9. Tomar una acción, un verbo conjugado o no conjugado y deducir cómo el autor o autora arma el verso, y qué sonoridad tiene dicho verbo y si es reemplazable o no; si el autor lo hubiera omitido ¿qué hubiera pasado? Demostrar, por ejemplo, cómo el verbo cantar me lleva a un escenario, a mi cuarto, a.. Cómo el verbo galopar me desplaza por praderas, por un hipódromo...

10. Auscultar si el autor (hombre o mujer) se esconde o no, si es sincero o no, si toma partido por lo que dice, si se compromete o solamente se involucra, y cómo logra conmigo, si me abandona, se me espera, si me llama, si me ayuda... Si quien escribe poesía se mueve en valores o en principios.. Si me permite demostrar cuánto vale una persona de calidad... Si me permite entrar en un mundo para entender verdaderamente cúanto vale un poeta.
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